LA OPORTUNIDAD DEL PROGRESO

Dr. Raúl Contreras Bustamante

Dir. Facultad de Derecho de la UNAM

 

El año que recién comienza puede ser —si queremos los mexicanos— una nueva oportunidad para que México evolucione. Más allá de los buenos deseos que suelen invocarse los primeros días de cada año, los comicios del próximo 1° de julio se deben transformar en algo más que otra simple elección.

Como resultado de las reformas electorales, ese día, además de la elección del Presidente de la República, 500 diputados federales y 128 senadores, habrán 30 elecciones locales concurrentes, de las cuales, nueve serán para gubernaturas: Chiapas, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz y Yucatán; así como otros dos mil 697 cargos de elección popular. Lo anterior nos arroja un universo total de tres mil 326 cargos de elección popular.

Hay que recordar que por primera vez en nuestra historia el Presidente que resulte electo podrá formar un gobierno de coalición; así también será la inicial ocasión en que habremos de elegir a diputados y senadores que podrán reelegirse hasta por 12 años en el cargo. De ahí, la enorme obligación del Instituto Nacional Electoral, partidos políticos y medios de comunicación de informar a la ciudadanía estos aspectos.

El enorme reto que enfrentaremos como país es dejar de ser una promesa de desarrollo para convertirnos en una real potencia de la región. Conviene recordar que México ya es una de las 15 economías más grandes de todo el orbe.

Es cierto que padecemos males endémicos como la violencia, corrupción, impunidad, pobreza y una grave desigualdad social. Pero es igualmente innegable que tenemos muchas fortalezas que están latentes y que necesitan de un gobierno capaz y experimentado que sepa desarrollarlas.

La ciudadanía debe tener en cuenta que su soberanía popular será lo que importa y decida. En tal virtud, debemos exigir que los partidos y sus candidatos ofrezcan propuestas, ideas, compromisos serios y concretos para resolver los problemas que nos aquejan, así como respecto del rumbo por el que pretenden llevarnos.

La sociedad está harta de la violencia, no permitamos que prevalezcan las ofensas, descalificaciones, amenazas, mentiras y agresiones. Castiguemos con el voto a quien utilice la violencia verbal o física como medio de propaganda electoral. Obliguemos a la madurez en el debate público y en las campañas electorales.

Con independencia de quienes resulten vencedores en la contienda, la democracia del país necesita de certeza y seguridad jurídica en la trasmisión de poderes, para que se verifique en condiciones de paz y legalidad.

Hace poco pudimos ver cómo en Chile, el mismo día de los comicios, el candidato derrotado acudió a felicitar al ganador y la presidenta Michelle Bachelet acudió a la mañana siguiente a desayunar a la casa del elegido, Sebastián Piñera, acciones que mandaron una señal de civilidad envidiable.

Recordemos lo señalado por la Teoría Constitucional: somos los ciudadanos quienes detentamos el poder y lo hacemos mediante representantes populares. Contribuyamos a la consolidación de nuestro régimen democrático exigiendo a los actores de las campañas reflexión y responsabilidad.

Sólo así podremos dejar de ser la promesa que se diluye, para conquistar la realidad que nuestros hijos merecen.

Como Corolario las palabras del escritor y político cubano José Martí: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”

 EXCELSIOR