ESCÁPATE A LOS PUEBLOS DE LA SIERRA DE LAS NIEVES

Nos adentramos en el corazón de la Sierra de las Nieves, en Málaga.Viajamos por sus pueblos en una ruta circular que empieza y acaba en Tolox. Pueblos donde la tradición sigue vigente y cuya espectacular naturalezaayuda a entender por qué esta comarca será pronto el decimosexto Parque Nacional de España.

Antonio y Vicky tomaron una decisión. Pensaban que era una más, un escalón más para seguir adelante. Pero no. Fue algo más. Su elección finalmente les cambió la vida. “De repente, te miras y dices: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?”, cuentan con ilusión.

Corría el año 2010 cuando buscaban una finca en la que asentarse. La encontraron a las afueras de Tolox y nada más verla supieron que era la suya. “Fue instantáneo”, subrayan.

Ocho años después, su vida gira en torno a ella y son felices. Han pasado todo este tiempo restaurando tres casas. Una para ellos y otras dos para alojar a quien las quiera alquilar. Cada una tiene piscina, barbacoa, la sombra de un algarrobo de 500 años y un encanto especial.

Se llaman Verde que te quiero verde y se ubican a un paso del cauce del río Grande, uno de los muchos que llenan de vida a todo el Parque Natural Sierra de las Nieves, declarado Reserva de la Biosfera.

“La mejor satisfacción es cuando los clientes se despiden y dicen: hasta la próxima. Que quieran volver es una pasada”, cuenta Antonio.

No es una sorpresa que deseen retornar a un lugar como el suyo. En pleno corazón de la comarca, este rincón es perfecto como punto de partida para recorrerla. Para perderse en sus pueblos, recorrer senderos, paladear la tranquilidad, conocer a sus gentes. En definitiva, entender las razones por las que próximamente el lugar será declarado Parque Nacional.

“Cuando vinimos no conocíamos la zona, pero es un sitio increíble”, explica Antonio, que nunca se aburre. Cuando no está transformando motos en su taller está ideando junto a su pareja prendas de tela vaquera, restaurando algún puente de madera que cedió tras las lluvias o planeando actividades culturales.

Esta pareja y su hija son el ejemplo de una comarca enraizada en la tradición pero que ha sabido encontrar vías para mirar al futuro con la cabeza alta.

“Él fue una de las personas que más me ayudó a poner en marcha La Lola”, cuenta José María Sánchez, que en junio de 2017 abrió este restaurante en Tolox cuyo nombre homenajea a su mujer, Lola Aguilar.

Este joven toloxeño apostó por un lugar diferente, alejado de las clásicas ventas rurales. Encontró un viejo estudio de televisión en la parte más alta del pueblo y con la ayuda de sus vecinos lo reformó.

Estilo industrial, una bonita chimenea, suelos blancos y altos techosmarcan el comedor, donde unos enormes ventanales ayudan a sentir la naturaleza que le rodea. Su amplia terraza ofrece, además, una preciosa panorámica de la zona y del cañón del río Alfaguara, justo en los límites del futuro Parque Nacional.

Una cocina separada solo por cristaleras ayuda a ver la pasión con la que José María y su equipo prepara cada plato mientras Amy Winehouse pone la nota musical en el comedor.

Los productos locales son las estrella de sus fogones: codillo de cerdo al romero, paletilla de chivo o una parrillada de verduras a la brasa con madera de encina. También la ensalada tierra y mar, templada, a base de mezclum, calabacín, berenjena, naranja, pimiento rojo y gambones. El aceite lo obtienen de las aceitunas aloreñas de sus propios olivos. Y de sus viñas ya planean elaborar un vino para la próxima temporada.

“Ha sido una apuesta arriesgada, pero estamos muy contentos con el resultado”, resume el propietario y chef, que reside en familia en una bonita casa en el barrio del castillo, en el corazón de Tolox. Allí, minúsculas callejuelas y hasta un pasadizo conectan sus casas bajas.

Muy cerca está la plaza del pueblo, con la peña flamenca San Roque, El Pescaíto Dorado o el bar La Calzada dispuestos a ofrecer una bebida fresquita y una tapa de asadura, magro con tomate, secreto ibérico y ensalada malagueña.

Callejeando se descubren bonitos grafitis, coloridos caracoles que resaltan frente a fachadas blancas y una vida que transcurre a otro ritmo.

Es la misma sensación que trasmite un pueblo cercano, Alozaina. A él se accede por una glorieta y su calle principal desemboca en un arco que es mejor traspasar a pie y, desde ahí, entablar un bonito paseo. Una vieja muralla, una iglesia y un castillo convertido en parque con bonitas vistas son alguno de sus alicientes.

Merece la pena descansar un rato en el bar Nuevo (calle Calvario, 20), donde el pitufo con lomo en manteca resucita a cualquiera. Y para almorzar o cenar, Alberto ofrece desde la barra mariscos, frituras de pescado, ensaladilla rusa o una tapa de caracoles.

Junto al bar es habitual ver pasar a valientes que se atreven a recorrer sobre dos ruedas unas carreteras que nunca regalan un llano. Hay poco tráfico y todo sube o baja, así que estas vías son habituales en las rutas ciclistas.También son foco de atracción para amantes de las motos.

Una de ellas desciende hasta Casarabonela: un bonito pueblo que aquí se conoce como Bonela, coronado por las ruinas del castillo árabe Qasr Bunayra, del siglo IX, cuyas murallas y torres ejercen hoy de mirador.

Para subir hasta él hay que tomárselo con calma: las cuestas forman parte del intrincado urbanismo bonelense. La mejor opción es ir paso a paso, disfrutando de las paradas que ofrece el municipio. Una puede ser el Molino de Los Mizos, donde tradicionalmente se obtenía aceite de oliva y harina y hoy acoge una pequeña colección de herramientas y utensilios relacionados con las labores agrícolas. Otra pueden ser sus bonitas fuentes, como la que junto a la Plaza de Casarabonela representa la toma del pueblo en unos azulejos. A veces, es posible encontrarse con algún artesano trabajando materiales naturales como esparto, enea, pitas o palmito.

En todo el pueblo predomina el color, gracias a jaramagos que conquistan cualquier rendija, geranios que iluminan ventanas y decenas de macetas que decoran las fachadas encaladas. Junto a la iglesia de Santiago Apóstol también hay algún cactus.

Su función decorativa se complementa con la de recordatorio: es el momento de conocer el Jardín botánico Mora i Bravard, de 8.000 metros cuadrados. Está a las afueras y ofrece un recorrido por algo más de 10.000 plantas deunas 2.500 especies diferentes de cactus y suculentas.

El paseo permite entender que los cactus son algo más que pinchos mientras se transita junto a vegetación procedente de la mayoría de las zonas desérticas del planeta: de Atacama al Sáhara, pasando por América del Norte, las Islas Galápagos o Madagascar. Ágaves, euphorbias, aloes y otras muchas variedades componen una visita singular y diferente para un proyecto que se abrió al público en 2011.

“Nació como idea de Joan Mora y Edwige Bravard, que intentaron poner en marcha el proyecto en su tierra, Mallorca, pero el clima no se lo permitió. Y aquí encontraron las condiciones adecuadas”, cuenta Tania Muñoz, gerente del jardín. Las instalaciones disponen de salón de actos, laboratorio científico, jardines y un restaurante con una gran panorámica a Casarabonela.

Hacia el norte, una carretera serpentea entre sierras hasta alcanzar El Burgo, pueblo que se siente a mitad de camino entre la Sierra de las Nieves y la Serranía de Ronda. El río Turón es la arteria que ha dado siempre vida a sus habitantes, que han cultivado hortalizas, cereales y frutales en bancales junto a la ribera.

El precioso espacio natural que lo rodea también puede gozarse gracias a senderos como el que llega al Área Recreativa de la Fuensanta, donde un viejo molino harinero se confunde con álamos, adelfas y la vegetación de ribera que crece junto a los arroyos de la zona. Allí, el albergue La Rejertillaofrece alojamiento y su equipo, la práctica de deportes de aventura, educación ambiental y turismo sostenible.

Muy cerca se ubica el Cortijo Capellanía, un precioso alojamiento rural que cuenta con tres lujosas casas y espacio para 18 personas en una finca de 200 hectáreas.

Más al sur, se llega a Yunquera. La industria textil tuvo gran peso en este pueblo hasta hace no mucho, pero hoy está prácticamente desaparecida, así que la agricultura sigue siendo su principal sustento, con un creciente protagonismo del turismo. Le sobran argumentos para ello, aunque dos elementos son los principales atractivos de la localidad: la gastronomía y su naturaleza.

De la primera dan muestra sus pequeños bares, pero también restaurantes como Enara (Avenida Sierra de las Nieves, 9), con  un bonito salón, chimenea y una carta llena de ricas propuestas; o La cocina del Zarcillos (Avenida Sierra de las Nieves, 30), que abrió en 2013 gracias a la iniciativa de Francisco José Romero y su pareja.

“La inmensa mayoría de productos que utilizamos son de la zona”, explican, enumerando entre ellos quesos, huevos, castañas, hortalizas o carnes. Las brasas de leña de encina son otro de los fuertes de este local, donde se prepara entrecot, entraña o cordero. También croquetas, caldereta de chivo y algún que otro guiño a la cocina internacional como los rollitos thai.

De la naturaleza que rodea a Yunquera destaca su gran pinsapar, un bosque formado por abetos prehistóricos que hoy solo se pueden conocer en sierras de Málaga y Cádiz.

Llegar a ellos es fácil gracias a la pista que asciende hasta el Puerto Saucillo, al que es posible acceder en coche. Desde allí parte una red de rutas senderistas que permite dar pequeños paseos entre árboles de otra época,acercarse a rincones singulares como La Cueva del Agua o atreverse a grandes caminatas que alcanzan el Peñón de los Enamorados o incluso El Torrecilla, el segundo pico más alto de Málaga. Cañadas, neveros y un paisaje cambiante a cada rato aumentan su encanto natural.

Cerca de Yunquera se encuentra la aldea Jorox, donde hay unas cuantas casas, un restaurante casero llamado El Rivita y una bonita cascada de agua muy frecuentada entre quienes acuden a la Sierra de las Nieves a practicar deportes como el barranquismo.

“Esta es una comarca perfecta para ello, porque existen numerosos barrancos, pero también cuevas, vías ferrata… Y hay posibilidades para todos los públicos, tanto principiantes como grandes expertos“, cuenta Elena González, que en 2011 puso en marcha la empresa Aventúrate. Conoce el territorio palmo a palmo. Y asegura que una de las zonas más espectaculares está en su pueblo, Tolox, que también vive marcado por su rico entorno natural y con multitud de caminos que invitan a ponerse las botas y dejarse llevar.

“Una de las zonas más espectaculares es la que llega hasta el Charco de la Virgen y la cascada de La Rejía”, cuenta Elena. De hecho, este salto de agua ronda el medio centenar de metros, cifra que la convierte en la más alta de toda Málaga. Un lugar único que ofrece un mayor espectáculo en primavera cuando el invierno es lluvioso. Además, el camino serpentea buena parte del recorrido junto al río Caballos, que cuenta con diferentes pozas en las que darse un refrescante baño cuando aprieta el calor.

El sendero es circular y tiene principio y fin junto al Balneario de Tolox. Nacido a mediados del siglo XIX, hasta él han ido distintas generaciones a cuidar su salud. Hoy lo regenta la tercera generación de una familia que siempre ha estado ligada a este edificio. Abre de mayo a octubre y disponede diversas salas para hacer terapias especializadas en el aparato respiratorio gracias a los gases que emanan las aguas del río que pasa justo por debajo. También cuenta con 36 habitaciones y nueve apartamentos, que se alquilan por fines de semana o quincenas según la temporada. Y que son, también, un excelente lugar para relajarse y descansar.

Para reponer fuerzas del camino, Tolox también dispone de un restaurante muy peculiar. Se llama La Alberca (calle Dr. Jimenez Encina, 53) y en su enorme terraza hay banderines que parecen decir que cada día allí es una fiesta. Lo es al probar su menú, basado siempre en la tradición: gazpachueloy platos de cuchara para el invierno; porra antequerana y pescaíto fritopara el verano.

Y para acabar, nada mejor que descansar el hotel Cerro de Híjar, a unos tres kilómetros de Tolox. Abrió en la Semana Santa de 2001 y hoy es ya una referencia en este apartado rincón de Málaga donde reina el silencio. Tiene 18 habitaciones, sauna y un jacuzzi al aire libre donde vivir experiencias singulares, como bañarte mientras nieva. Sus espectaculares vistas sobre buena parte del Valle del Guadalhorce, la tranquilidad y sus cuidadas instalaciones “ayudan a tener el descanso ideal para reponer fuerzas”, como cuenta uno de sus responsables, Eugenio Llanos. Porque ojo, aún queda Sierra de las Nieves por descubrir en municipios como Guaro, Ojén o Istán.

FUENTE: Con información de Traveler