ALFONSO NAVARRETE PRIDA, SECRETARIO DE GOBERNACIÓN, EN EL MARCO DE LA CEREMONIA DEL DÍA DEL ABOGADO

Muy buenas tardes tengan todas y todos ustedes, compañeros, colegas.

Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Señor ministro Luis María Aguilar Morales, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Consejo de la Judicatura Federal.

Señor diputado Edgar Romo García, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Y, licenciado Manuel Velasco Coello, Gobernador del estado de Chiapas y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Señor licenciado Luis Raúl González Pérez, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Compañeros de Gabinete y compañera de Gabinete.

Saludo con enorme gusto y aprecio a don Luis Maldonado Venegas, presidente del Comité Rector de la Institución Día del Abogado y de la Academia Nacional de Historia y Geografía.

A todas las organizaciones aquí presentes impulsoras de la Institución del Día del Abogado.

Con mucho aprecio saludo a mi gremio, el de los abogados, al que con mucho orgullo, usted, señor Presidente, también pertenece.

Por supuesto, a los 48 colegas abogados galardonados hace unas horas con la efigie de Ignacio Ramírez, “El Nigromante”, uno de los grandes juristas y eruditos de nuestra historia, un visionario y luchador por la educación laica y gratuita, la igualdad de género y la justicia en favor de los trabajadores.

Efigie que hoy también recibirá el señor Presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Señor Presidente, señoras y señores:

Hoy es un día para conmemorar, y conmemorar significa traer a la memoria desde aquel 9 de junio de 1960, que en la Facultad de Derecho, un grupo de académicos empezó a impulsar para poderle señalar a los jóvenes que estudiaban la carrera, que era importante y enaltecer el sentido de pertenencia a un gremio, como una carrera liberal, que es la carrera de Derecho.

Esto hizo que en ese año, en 1960, el Presidente Adolfo López Mateos, decretara el 12 de julio como Día del Abogado, y al año siguiente, al propio Presidente López Mateos se le entregó un reconocimiento por parte de su gremio.

Se conmemora el 12 de julio, porque fue en 1533, un 12 de julio, cuando por primera ocasión en la Nueva España se instaura una Cátedra que tenía como propósito enseñar el Derecho.

Y en 1553, la primera ocasión en que se imparte una Cátedra Prima, que es la primera en toda América Latina, y que trata de los temas del Derecho.

Desde entonces, a la fecha, y desde los años recientes de 1960 a la fecha, el Día del Abogado se ha celebrado el 12 de julio en nuestro país.

Y en esta casa se pudo recobrar el sentido histórico de esta noble tradición de una carrera liberal, que le ha dado muchos hijos nobles a México, porque por parte del Presidente Enrique Peña Nieto, se tomó la decisión de regresar a esta casa, Los Pinos, a los abogados de México en su día.

Dos reflexiones, valdría la pena hacer en esta importante fecha.

La primera que tiene que ver con lo que los abogados representan, en el fondo se representa un principio, más allá de un valor que entra en el tema axiológico de la justicia, el principio es el del Estado de derecho, el de la subordinación de todos, autoridades y particulares al principio de la ley.

Se dice fácil y cuesta en los hechos muchísimo trabajo lograrlo, es una lucha diaria, una conquista de día a día, una exigencia y una forma de aplicar la ley, la subordinación de todos al Estado de derecho.

El Estado de derecho construye instituciones, México se construyó con ese esfuerzo en el Siglo XX con sus instituciones, con hombres y mujeres que supieron que ese principio de subordinar a la ley a todos, era el único principio que hacía que tuviéramos una convivencia gregaria pacífica, una convivencia armónica.

Instituciones que hoy nos permiten vernos, comunicarnos, comprendernos y hermanarnos.

Eso entraña el principio de subordinación de todos a la ley, la construcción de instituciones y el Estado de derecho.

Y, en este principio, se encuentra uno de los grandes temas de las democracias modernas, que es la gobernanza democrática o la llamada gobernabilidad democrática, que es un tema del Estado nacional.

Gobernabilidad democrática existe en la familia.

Gobernabilidad democrática en un Estado la hay en la escuela, en esa unión cuasi-terapéutica entre maestro y alumno.

Gobernabilidad democrática la hay en los sindicatos, en los partidos políticos, en los actores sociales y dentro de las instituciones.

En síntesis, gobernabilidad democrática es un asunto de todos, que nos compete a todos y que es parte del Estado nacional.

A los gobiernos en sus diferentes funciones, niveles de gobierno y división de Poderes públicos, como la nuestra, Republicana, nos compete aplicar y hacer valer la gobernabilidad.

Y en ésta no hay ni claudicaciones, ni negociaciones, ni allanamiento, e implica una profunda convicción a la ley, a la República, a sus principios y a la Constitución.

La reflexión viene bien, porque en este país, con gobernabilidad democrática, con instituciones, y con subordinación de todos a la ley, se pudo llevar a cabo un proceso electoral en fechas recientes, donde el resultado es claro, donde la gente participó, donde más del 70 por ciento del padrón asistió a las urnas, y donde expresó lo que los mexicanos quieren y deciden para su futuro.

Y eso, significó también una toma de decisiones, la del gobierno de la República de respetar y ceñirse absolutamente al marco constitucional, y no salirse de ahí un ápice, porque eso es lo que nos permite hoy en nuestro país, que nos veamos, que sepamos discernir, que sepamos aceptar, y que con altura de miras podamos ver al futuro, un futuro del que estamos seguro será en instituciones, en democracia, y además en gobernabilidad democrática.

De esta reflexión, solo quiero resaltar, que lo que se ponía en duda, que lo que hacía que se viera con nubarrones una contienda electoral difícil, de muchas denostaciones, de contraste de proyectos, de incluso volatilidad en los mercados que hoy están absolutamente en calma, hubo la actitud de una persona de entender su tiempo, de entender los principios por los que juró defender la Constitución, y de llevarlo a la práctica en los hechos, sin tentaciones, ni titubeos, y esa fue la actitud del Presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Hoy, el reconocimiento que propios y extraños, que partidos políticos y sobre todo los actores de la contienda política le hacen al titular del Ejecutivo Federal, permite ver que no pensó en un solo acto o en un solo tiempo, sino lo vio a la distancia, como lo debe de ver un estadista, y quien representó en su persona, durante seis años, estos seis años, al Estado nacional mexicano.

La otra reflexión que surge de la misma convicción, tiene que ver con que un Jefe de Estado que está decidido a forjar instituciones, que está decidido a que las instituciones le sirvan a la gente para su proyecto personal de vida, toma riesgos y toma decisiones.

En el camino fácil de administrar los problemas o en el camino difícil de enfrentar las consecuencias de las decisiones, y hoy, en nuestro país, hay un nuevo rostro con decisiones, y ahí están las decisiones de las que ayer hablábamos en el Día Mundial de la Población, que permiten ver que en un país que tiene un bono demográfico en 20 años el más grande de su historia, que significa que por pura edad el mayor número de jóvenes van a entrar al mercado laboral cada año, son 800 mil por año.

A principios de la próxima década, por pura edad, un millón de jóvenes van a entrar y van a exigir con pleno derecho trabajo digno, educación superior.

Eso significa que sabiendo que el país tuvo tasas de crecimiento en 25 años, de dos por ciento en promedio, y que cada punto porcentual equivale solo a 200 mil empleos, es decir, en promedio con los picos y bajadas de las crisis solo se pudo crear 400 mil puestos de trabajo en este país durante 25 años, por año, frente a 800 mil jóvenes que ingresan al mercado laboral en este bono demográfico, había que cambiar.

Y había que tomar decisiones y había que tomar riesgos, y había que hacer, de la educación, una educación de calidad; y había que hacer del trabajo, la difícil apuesta de flexibilizar las condiciones de trabajo para hacer que hoy se tenga el mayor número de empleos de la historia del país, y va a cerrar esta Administración con cuatro millones de empleos, sumadas las tres pasadas, no alcanzan lo que se dio de trabajo en esta Administración, en mundo que se achica en el empleo.

Significa que con esa misma perspectiva en el tiempo que se debe de ver las decisiones de estadista, en México había dos cadenas de televisión, un duopolio, y todo mundo pensaba ver quién se atreve a meterse en eso.

Hoy se abrió la banda a un nuevo espectro, hay otra cadena de televisión, hay nuevos jugadores y hay nuevos actores, y desde luego, hay nuevas oportunidades democráticas de hacer valer lo que uno quiere decir. También se tomó la decisión.

Se tomó la decisión también de darnos cuenta que el cobro de las largas distancias era un impuesto no puesto, muy injusto para todos los mexicanos, y que no había manera de tener educación de calidad, donde se le llevara a un país asimétrico el internet a los lugares más recónditos de México, como Chiapas o Oaxaca, si no había una decisión de hacer tasa cero y eliminar ese costo, y se tuvo que afrontar la decisión con valentía.

O la decisión, por decir solo una más, de la reforma fiscal, donde el 90 por ciento de los privilegios fiscales que se tenían en la ley en este país, iban para el 10 por ciento de los contribuyentes más ricos de México.

Esas decisiones tienen costos, los costos se enfrentan, como la enorme decisión de subordinarse a la ley y al Estado de derecho.

Esas decisiones solo se pueden ver en perspectiva que da la historia y esas decisiones solo las da un estadista que está viendo más allá de su tiempo y viendo las futuras generaciones.

Por el bien de los mexicanos, por el bien de los mexicanos ahí están en los hechos lo que se hizo, lo que fue insuficiente, en donde se tiene que poner mayor impulso y mayor acento, y sobre todo, los logros, que es a fin de cuentas lo que los mexicanos esperan y lo que todos aquí tenemos como único e ineludible compromiso, que es México.

Felicidades a todos, compañeros, en su día.