CARLA MAEDA, ENTRE BRUJAS Y PRINCESAS

 Quien escuchara sin contexto esta conversación, podría extrañarse demasiado y pensar que nada tiene que ver con la academia. Pero así es con Carla Maeda, una investigadora que ha dedicado gran parte de su carrera profesional a analizar a las princesas de dibujos animados… Sí, con propósitos científicos.

Es licenciada en periodismo y medios de información por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), maestra en comunicación y doctora en estudios culturales y humanísticos, con una especialización en comunicación por la Universidad de Amberes, en Bélgica.

“A mí siempre me gustó mucho la investigación, aunque no sabía de eso como tal. Me interesaba ver los medios de comunicación y pensar en por qué ponían de tal o cual forma a las mujeres en los programas de televisión”.

Las ciencias sociales fueron, desde siempre, el punto al que quería llegar, sin importar que en las otras materias de ciencias también tuviera destreza.

“Era muy buena en materias como matemáticas, física y química, lo único es que no me gustaban, no me llenaban. A mí lo que me gustaba era leer y escribir, así que desde secundaria tenía claro que iba a estudiar algo que incluyera la lectura y la escritura”.

Por eso, las lecturas que tuvo fueron trascendentales para la elección de su futuro, que poco a poco la fueron llevando hacia la comunicación y su análisis.

“Con Pedro Páramo, que es mi libro favorito, me enamoré de la lectura. Pero hubo otros, como 1984, de George Orwell, que hizo que me pusiera a pensar en los medios de comunicación, su control, y el que me hizo enfocarme más en esto”.

Investigación dentro de la comunicación

Carla Maeda ingresó a estudiar la carrera de comunicación en el ITESM, pero fue al poco tiempo cuando descubrió que realmente lo que quería estudiar era periodismo, así que cambió su carrera para enfocarse de lleno.

“Cuando entré, pensé que iba a tener un programa de radio. No sabía que me podía dedicar a la academia en ese entonces. La verdad es que entré a la carrera porque ya tenía que elegir, solo sabía que quería estudiar algo donde pudiera leer y escribir”.

Aunque a sus compañeros les gustaban más las materias de producción, ella prefería las referentes a la investigación y, sobre todo, a las teorías de la comunicación. Pero el momento decisivo para dedicarse a la comunicación llegó cuando tuvo que realizar una investigación sobre cómo se representaba a las mujeres en los comerciales de detergentes.

“Ese fue mi primer acercamiento con este tipo de cosas. Encontramos que la mujer estaba estereotipada con este tipo de cosas. Después vas viendo que las mujeres siempre han sido representadas así, aunque han ido evolucionando”.

Sin embargo, en la maestría todo sería muy diferente.

La investigación como una forma de vida

“En la maestría descubrí que quería investigar. Porque yo nunca tuve esa pasión por el periodismo que mis compañeros sí tenían. Por eso en la maestría descubrí que la investigación era lo que en verdad me apasionaba”.

Su doctorado pudo estudiarlo en el Tecnológico de Monterrey, obteniendo una doble titulación con la Universidad de Amberes, en Bélgica. Fue en Europa donde pudo socializar su tesis, además de colaborar en un departamento de investigación.

“Me sirvió mucho estar en el extranjero, porque me ayudaba a recibir retroalimentación de todo tipo. Además estuve en Israel, donde mi profesor era especialista en personajes”.

Conocer a un profesor enfocado en personajes la ayudó a desarrollar la que ha sido su línea de investigación desde hace más de ocho años: las princesas. Dentro de eso ha catalogado a las diferentes princesas de Disney por su físico, su psicología y sus relaciones sociales.

Entre brujas y princesas

“Comencé a estudiar la identificación que las niñas tienen con las princesas, que principalmente es por su belleza física, por sus vestidos, por sus coronas, por sus joyas. Aunque, desafortunadamente, rechazan a las princesas de color moreno”.

Sin embargo, Carla Maeda asegura que encontró que las niñas también son críticas con el producto que se les ofrece, lo que indica que no lo consumen sin despertar algo de análisis sobre ellas.

“Una niña me dijo que le gustaba mucho Rapunzel, así que le puse una escena triste de ella, pero me llamó la atención que no le generara tristeza igualmente o preocupación. Ella me comentó que sabía que en Disney al final las cosas siempre resultaban con un final feliz”.

FUENTE: Con información de Francisco Torres y Conacyt